SERRANO AGULLO, ANTONIO (ED.)
Toledo, 1158. Conscientes de su inferioridad militar ante los probables ataques almohades, los templarios renuncian a ser defensores del castillo de Calatrava; y, viendo el desamparo en que quedan las tierras manchegas y la amenaza que se cierne sobre la cercana Toledo, Sancho III publica un bando prometiendo ôdar en fuero y heredadö a quienes se ofrezcan para asumir la protección de la plaza. Para asuntos de la orden, llegan a Toledo los monjes del Císter fray Raimundo, abad de Fitero, y fray Diego Velázquez, hombre impulsivo y brioso por su anterior vida guerrera, quien, viendo la comprometida situación de la Corona, insta a su sorprendido abad, que juzga la propuesta como descabellada, para que sean ellos los que asuman la alta responsabilidad de defender Calatrava. Acaba de nacer la Orden de Calatrava, formada por hombres mitad clérigos mitad soldados, ejército decisivo en la Reconquista y la más importante de cuantas hubo en la Península. De esto trata el manuscrito de una comedia anónima del siglo XVII que está en la Biblioteca Palatina de Parma (Italia) y que ahora se transcribe y publica por prime